¿Son las dietas bajas en grasa más saludables?

Conoce qué tipo de grasas debemos consumir en nuestra dieta diária
30/01/2017
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Debido a la preocupación por mantener una buena línea y perder peso, dentro de las pautas alimenticias se suele llevar un control exhaustivo de la ingesta de alimentos llevando a cabo dietas bajas en grasa.  Sabemos que el exceso de grasa en nuestro organismo es perjudicial, siendo la obesidad una de las enfermedades más presentes en nuestra sociedad. La lógica nos ha impuesto que debemos controlar la cantidad de grasa en nuestra dieta. Pero hoy nos preguntamos, ¿son las dietas bajas en grasa más saludables?

 

¿Podemos eliminar totalmente la grasa de nuestra alimentación?

Absolutamente no. Cuando establecemos el reparto de los macronutrientes (grasas, proteínas e hidratos) en nuestro día a día, solemos dar prioridad a los 2 últimos grupos.  Pero lo que no debemos hacer en ningún caso es restringir las grasas por completo, ya que estas cumplen varias funciones indispensables. Entre las más importantes destacamos:

 

  • Son fuente de energía y la principal reserva de esta en nuestro cuerpo
  • Favorecen la absorción de algunas vitaminas 
  • Protegen los órganos (aunque el exceso de grasa visceral es muy perjudicial)
  • Son fundamentales para la formación de hormonas

 

¿Qué tipo de grasa debemos consumir?

Cuando hablamos de que la grasa debe estar presente en nuestra nutrición, nos referimos a los ácidos grasos esenciales, las grasas instauradas (monoinsaturadas: aceites de semilla y frutos y poliinsaturadas: pescado y derivados), y con mucho control de las saturadas (carnes y derivados). Por supuesto que dentro de este grupo no deben estar las grasas “trans” (bollería industrial, alimentos procesados, etc).  

 

Grasa Vs Hidratos

Algunos investigadores y médicos señalan que el exceso de preocupación por evitar el consumo de grasas, hace que abusemos de los hidratos de carbono. Especialmente de alimentos procesados, ricos azúcares, sal, conservantes… En definitiva, muy perjudiciales para la salud. Abusar de su ingesta puede acabar provocando enfermedades como la diabetes tipo II, debido a la resistencia a la insulina que desarrolla nuestro organismo con tanto azúcar. Ya vimos en entradas anteriores que el exceso de azúcar es nocivo. ¿Están cambiando los patrones alimenticios? Algunas empresas como Nestlé ya han anunciado que bajarán un 40% el contenido de azúcar de sus productos. Veremos en que queda realmente.

 

¿Y el colesterol?

Quizás se trata del indicador más conocido por todos. 

El valor de colesterol refleja la cantidad de este en la sangre. Clasificado según su volumen están “el bueno” y “el malo” (¿quién es el feo de la película? ¿El azúcar?):

  • HDL-colesterol el bueno.

Lipoproteínas de alta densidad (high density). Transportan el colesterol al hígado (eliminan el de los tejidos periféricos)

  • LDL-colesterol: el malo (lipoproteínas de baja densidad).

Hacen el proceso inverso, llevan el colesterol a los tejidos periféricos.

El control del colesterol es uno de los temas más debatidos, en gran medida por la presión de  la industria farmacéutica y de la salud. Y es curioso ver cómo evolucionan ciertas posturas. Por ejemplo nos encontramos con la paradoja del huevo. Su gran contenido en colesterol determinó que se limitara su consumo de manera estricta. Hoy en día sabemos que su consumo no afecta sobre este parámetro tal y como nos dijeron.

 

¿Grasa sí o no?

Testando dietas bajas en hidratos y altas en grasas, recientes estudios clínicos mostraron efectos beneficiosos sobre marcadores de riesgo cardiovascular como la glucemia (concentración de glucosa en sangre), la insulina o las grasas saturadas. También se vio reducida la presión arterial y el peso corporal, mientras aumentó el HDL-C. Siempre debemos observar estos datos con precaución, ya que no son extensibles a todo el mundo. Antes de llevar a cabo ninguna dieta determinada debemos consultar a profesionales.

Cuando presumimos de la dieta mediterránea, como una dieta saludable, no debemos olvidar la presencia de “grasas saludables”, con productos como el aceite de oliva o el pescado. Así que en resumen, no te preocupes tanto por el contenido de grasa de los alimentos y hazlo más por evitar comer comida procesada e industrial.



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